Resposabilidad Social Empresarial
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18 may 2010Herramienta que solucionaría el problema medioambiental evitando arrojarlo a la atmósfera.
El dióxido de carbono (CO2) no tiene por qué arrojarse a la atmósfera y acelerar el cambio climático. La captura y almacenamiento de este contaminante es una herramienta para solucionar el problema medioambiental y cuenta con un estímulo económico: emitir CO2 costará cada vez mas en el mercado de derechos al que están sujetas las principales industrias españolas.
El objetivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) es que, en el año 2050, el 20% de la reducción de emisiones provenga de la captura y del almacenamiento de CO2. Sin embargo, esta tecnología está todavía en desarrollo y necesita un gran empuje de inversión pública y privada e implicación institucional.
Las instalaciones industriales susceptibles de contar con un sistema de captura son las centrales de generación eléctrica, las cementeras, las acerías y las petroquímicas. El proceso tiene tres fases: captura, transporte y almacenamiento, cada una de ellas con retos distintos.
Elcogas, sociedad participada por compañías eléctricas y suministradoras de bienes de equipo europeas (Endesa, EDF, Iberdrola, EdP, Enel y las tecnológicas Siemens, Babcok Vilcox y Krupp), también cuentan con una central en Puertollano en la que instalará en marzo una planta piloto de captura de CO2.
Existen varias tecnologías para capturar el CO2 aunque las más habituales son la precombustión, la postcombustión, y la oxicombustión. Respecto al transporte del CO2 recuperado de las centrales o instalaciones industriales, es necesaria una tubería como las de gas, aunque ese agente no es venenoso ni arde. Lo normal es que el amacenamiento esté a cientos de kilómetros de la central, por lo que haría falta una red de tuberías.
Para solventar este escollo, lo mas indicado es que al final haya un operador de transporte, una empresa que se encargue de las infraestructuras y la gesión.
Para el almacenamiento final del CO2, hay tres opciones, todas a unos 800 metros de profundidad, en formaciones que contuvieron gas o petróleo y que estén agotadas; en formaciones de carbón que tienen poros para inyectar el CO2; y los acuíferos salinos profundos, que no tienen nada que ver con los acuíferos de agua potable y es la solución mas viable en Europa.
Según datos del Instituto Geológico y Minero, España podría almacenar en su subsuelo un total de 20 gigatoneladas (20.000 millones de toneladas de CO2). Si se tiene en cuenta que, en la actualidad, las emisiones suman aproximadamente 400 millones de toneladas al año, la capacidad de almacenamiento del subsuelo se limitaría a 50 años.
Cuando el carbono está ya acumulado sería necesario realizar una monitorización para tenerlo controlado, ya que el proceso de disolución en agua, es un proceso lento. En cientos de años, se mineraliza y transforma en carbonatos.
Pese a estos inconvenientes, no hay duda que, junto a las energías renovables, la eficiencia energética y el desarrollo de la generación nuclear, el almacenamiento de CO2 es una herramienta indispensable para reducir las emisiones contaminantes que parece que aceleran el cambio climático.
Fuente: CSIC / Revista La Empresa (Cámara Ciudad Real) nº 178 marzo/abril 2010)
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